Natalia, con la vista fija en mí pero cuidando que nadie nos viera en la escalera, se había adelantado un escalón cuando me detuvo, y así, con ese peldaño de diferencia a su favor, con solo la mirada me llevo a conocer sus labios, el interior de su ser y los secretos abajo del vestido. Después, mucho después, aunque solo hayan sido cinco minutos, se separo lentamente, puso su cándida mano sobre mi frente y la deslizo hasta mis labios y dejó de hacer cualquier ruido por mucho tiempo mientras me miraba pidiendo silencio. Alguien pasó junto y solo simulamos ser dos amigos platicando algo intrascendente.