GRAVEDAD
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Natalia, con la vista fija en mí pero cuidando que nadie nos viera en la escalera, se había adelantado un escalón cuando me detuvo, y así, con ese peldaño de diferencia a su favor, con solo la mirada me llevo a conocer sus labios, el interior de su ser y los secretos abajo del vestido. Después, mucho después, aunque solo hayan sido cinco minutos, se separo lentamente, puso su cándida mano sobre mi frente y la deslizo hasta mis labios y dejó de hacer cualquier ruido por mucho tiempo mientras me miraba pidiendo silencio. Alguien pasó junto y solo simulamos ser dos amigos platicando algo intrascendente.
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A escondidas y en silencio
Ahora creo en el paraíso y los campos floridos, antes… en las ventanas -¿Y a poco eso es posible? -Si tu no lo sabes, yo menos -Mira, esta en la cama… estoy como mantequilla -Es algo rara ¿Sabrá que la espiamos? Claro que sabía que la observábamos desde la ventana del departamento vació de enfrente, claro que sabía que apenas veíamos que se metía a su casa, Beto y yo nos metíamos a la casa vacía de enfrente para fumar y espiarla como buenos chamacos de secundaria, y Gina, además de bonita era metódica, las primeras veces solo se sentaba en su escritorio y fingía estudiar, hasta que se levantaba, alzaba los brazos como para estirarse, se quedaba viendo la ventana, cerraba la cortina y apagaba la luz. La semana siguiente nos regalo con ver como se quitaba el suéter para nuestro deleite, una después casi se animó a ponerse la pijama enfrente de nosotros, casi, casi porque apago la luz y no vimos nada ¡Pero, como lo imaginamos y disfrutamos a obscuras! Y nosotros, por poco nos volvemos locos mientras ella nos triangulaba en el espejo de su tocador y disimuladamente nos observaba, riendo de nosotros. Tenía bonito cuerpo, había crecido antes que nosotros, ya no era la niña que compartía la bicicleta y las canicas con nosotros, empezó por enseñarnos que tenía faldas, no las de la escuela, de esas que se usaban en los setentas y eran como para ponerle un monumento al güerito ingles que inventó la mini, hasta una vez se subió a la bici con la roja tableada, mmmm, era una cabrona con sonrisa mustia y piernas largas, ahora lo sé y lo disfruto. Cuando esa tarde no salió a jugar Beto, me metí solito a fumar al departamento vacío, Gina, lo sabía, y ahí fue cuando aprovecho para mostrarme sus pechos redondos y pequeños por única ocasión, se paró de su escritorio como si cualquier cosa, puso en el tocadiscos a Barry White y se situó a bailar sensualmente enfrente de la ventana para buscarse en el reflejo y empezar a tocarse como yo no sabía que fuera posible, para cuando cayó el corpiño y terminó de desnudarse, yo ya sabía que venía después de las erecciones, ¡No me dio tiempo ni de tocarme! tenía algo que enseñarme y me lo mostró perfectamente. Esa noche ella durmió desnuda y con las cortinas abiertas para deleite mío y yo… no dormí, era una noche calurosa y yo esperé muchas horas hasta que el calor venció la sábana . -Hay, ¡No mames! Apoco me lo perdí -¡Que te digo que si! Nunca me lo creyó el buen Beto, pero ni modo, fue la última vez que las cortinas se abrieron en la noche, yo era el efectivo pero ni maiz paloma, se hizo novia del cuate de prepa que era como tres años mayor que nosotros y… ni pedo ¿Tanto trabajo para verse reconocida? Y al final solo se quedaba en una sonrisa velada cuando pasábamos uno enfrente del otro, en una vecindad que tiene… historia, en una ocasión hasta empezamos a platicar, puso su mano sobre mi hombro y me quede mudo viéndole sus torneadas piernas, bien calladito el cobarde de Manuel. Algo quedó claro, estaba guapísima para mí, solo para mí. Bueno al final… las patologías se atraen.
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-¿La dosis?
-Cuarenta gotas en un vaso con agua, depositadas, una a una, con añoranza -¿Estas segura?
-Como que estoy viva aún, es muy amargo, esta endulzado con jazmín
-¿Cuánto tiempo durará?
-Unas doce horas, será tiempo suficiente, creo que lo voy a probar
Yazmín era siempre era lo que tú querías ser, un pulso lastimado de lo que deseas para ti mientras no se dejaba llegar por la sugestión, por esa fiebre que la apasiona de sus sueños, pero siempre en paz
-No te lo puedo decir, puedo tratar de expresarte que siento, pero las palabras no describen ese sentimiento, es magia, es algo distinto a las palabras o la escritura. No soy yo misma, soy algo que pasa, un soplo en esta existencia, como la punta de una flama que sondea la madera buscando el carbón con un sentimiento sublime de serenidad -Y entonces ¿Que hago yo?
-Duérmete conmigo y tómame de la mano al final del sueño, cuando me veas intranquila. Quiero que sientas como se coagulan las historias en la noche sin dejar que yo te las platique, ¡Quiero que las vivas!
-Sigues convencida que así te libraras de eso
-No, no me quiero librar, quiero compartirlo contigo, quiero que veas como deambulan alrededor y me ayudes a entenderlas, que veas como se coagula el tiempo y se vuelve gelatina de colores tu existencia
Fue un viaje al fondo de la noche, la preparación valió la pena, por buen rato nos concentramos en dejar la mente en blanco, me tomó la mano y me sacó a bailar en silencio, casi una hora de tenerla cerca y sentir como poco a poco se bajaba de nivel hasta que se dejó querer, muy de a poquitos, muy en silencio. No quiso comer nada, me llamó a la cama de nuevo y preparó su vaso de agua, me miró a los ojos
-No me dejes sola, te lo pido por favor, pase lo que pase quédate conmigo, cuídame mucho Fue la última vez que la vi correcta esa noche, se dejó caer en un trance, su cara se volvió un caramelo de tranquilidad y, poco a poco se fue alejando de la realidad, su cara empezó a pasar por todos los tonos del amanecer hasta que me quedé dormido a su lado. Desperté cuando sentí que me apretaba la mano, Yazmín no había dormido nada aun, estaba como llamándome en una extraña mezcolanza de ruidos guturales que me llevaron a tratar de obligarla a tomar algo de agua y despertarla, pero era inútil, estaba perfectamente adormilada y desguanzada, totalmente inabarcable y solo la volví a tomar de la mano para seguir soñando con ella, alrededor de ella, a través de ella en un sueño en que solo adiviné colores y formas que efectivamente, nunca pude describir. Al día siguiente nos dio el mediodía cuando despertó sudorosa y muerta de hambre
-¿Lo viste? ¡Entró la luz en mí!, valió la pena, que maravilla
-Si, si lo presentí, porque no puedo decir que lo vi, solo vi tus ojos maravillados llenos de luz
-Es increíble la naturaleza ¡Y todo con cuarenta gotas del jugo del cactus de la entrada de casa de la abuela!
Se levantó, vi como se le revolvía el estomago y me pidió algo para desayunar. Nunca fuimos los mismos.
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Sentado en un café, solitario, rodeado de prójimos que no conoce, se queda viendo el fondo de la taza y se susurra a si mismo:
-Gané, gané
Solo para quedarse meditabundo inmediatamente
-Tengo tu cuerpo pero no mi alma, perdí tu respeto, mi dignidad, mi manera de ser: pero eso si, gané, gané… y es algo que me hace sentir bien. Bueno, es cierto, al final, nos podríamos haber salvado los dos si hubiésemos dejado todo en la fantasía y simulando que fue cierto mientras el tiempo… pasaba y nos sosegábamos. Si ya te tenía ¿Para qué te tomé?
Toma el último trago de café y sale de la cafetería, no tiene ninguna gana de llegar a su cita.
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Michelle despierta, Michelle está desnuda sobre la cama con su piel blanca que queda totalmente sudada, resbalosa, se siente incomoda con la situación y procura no mirarme, mientras, trata de tomar aire y siente su aliento pegajoso, denso, se estira en la cama para alcanzar un vaso de agua. Su brazo se alarga y yo siento llegar ese aroma a ella tan profundo, tan de ella, que se queda impregnado profundamente después de estar conmigo y permanece por mucho tiempo entre las sabanas, en mi nariz, en toda la habitación.
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Y así, pegajosa, pegada a mi, recuerdo como la vi decaer lentamente, al principio fueron pequeños detalles en su manera de ser y en su vestido, después no se que era más desesperante, si sobrellevar sus manías o renunciar a ella. Claro en el fondo siempre queda algo de amistad tardía de la que no me quiero desprender y de repente…ya había terminado conmigo
-Estás empapada ¿Que estabas soñando?
-De repente amaneces y eres otra, una infanta que tiene un reino muy a su disgusto, te influye el lujo que tienes alrededor y empiezas a olisquear las cosas… como si la vida no te mereciera empiezas a tener antojos recurrentes de cosas que no te gustan, las pruebas y te quedas con un hambre muy elegante, siempre tan pulcra y cuidada. Y esa sensación de angustia, de espera, de que el tiempo no transcurre…
La trato de abrazar y no se deja
-Como siempre, estas tratando de envolverme Manuelito
En lugar de momentos memorables, siempre dejaba sueltos pequeños instantes de último momento, de sentimientos confusos y tan desagradables como angustias pendientes de lavar cuando ella era tan local como parisina en los Champs-Elisée disfrazada como la femme fatale que despertaba con calambres en los pies y no con alguien pegado a su espalda sudando como siempre quisiera. Bueno en fin solo sabe hablar y de escuchar ideas que parecen geniales que se evaporan tan pronto salen de sus labios, pues nada. De ella solo aprendí a hacer hielo con rutinaria precisión.
Hasta que un día, a fuerza de condescender, me doy cuenta de que yo soy quien está a punto de colapsar como engaño que se quema y explota antes de tiempo robándole tiempo al tiempo. Al final, Michelle ni es original, ni le gustan las sorpresas.
Siete en punto, se levanta y la veo entrar a la regadera, me llama para que la acompañe y procede a limpiarme de a poquitos abajo del chorro, al principio con la lengua y después con jabón, todo el cuerpo, en un ritual largo en que me envuelve delicadamente y me asea escrupulosamente, como queriendo deshacerme de cualquier recuerdo. Me deja salir y empieza su rito personal, la veo limpiarse cuidadosamente por mucho tiempo, todo el cuerpo, de arriba hacia abajo sus resbaladizos dedos entran y salen de todos sus orificios y pasan por cada una de sus curvas, la envuelve el jabón repetidamente y veo como hace espuma, una y otra vez hasta que comprueba redundantemente que solo es jabón lo que queda, para terminar por enjuagarse con agua fría y caliente alternadamente varias veces, sale descalza cuidadosamente, pisando solo sobre las toallas húmedas y se queda parada observándose escrupulosa en el espejo, se cepilla los dientes con minucia hasta que checa que su aliento sea estéril por ultima vez, lanzando vaho sobre el cristal y observándolo como desaparece.
Toda ella se mira complacida finalmente y usa todas las toallas que quedan para terminar de restregarse con firmeza el cuerpo, todos sus lugares, hasta los mas inverosímiles, en un neurótico ritual de limpieza para después, pasar a peinarse y maquillarse por un buen rato y súbitamente pedirme que salgamos, en silencio y casi sumisa
-¿Sil vous plaît?-
Solo por unos minutos mientras llegamos a su casa, la dejo, se despide fríamente y me dirijo a una cafetería para pedir algo caliente y cargado. Tomo la taza y compruebo que afortunadamente, no pudo lavar de mí su recuerdo, ni lo delicioso del aroma que guardo entre el índice y pulgar como tesoro pueril, que de cuando en cuando, huelo entre mis dedos mientras pasa el tiempo y la recuerdo.
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Frases hechasffice ffice" />
Es tan compulsiva para hablar que recurre generalmente Mas vale tarde que nunca a su colección de frases hechas, en las noches La tercera es la vencida despierta compulsivamente para ponerse a escribir sudorosa y reñirse con lo que pensó en el sueño, se pone al nivel del creador, al tú por tú al final sabe lo que hace porque escribe muy bien, Tonto de capirote estoy a su lado y esperando que le pase la euforia por escribir y aprovecha para terminando, empujarme y acostarse en mi lado de la cama, porque está calientito y seco, no esta sudado como su lado después de despertar de súbito, El que se fue a ffice:smarttags" />La Villa, perdió su silla para descansar inmediatamente mientras, yo me desespero entre su sabanas húmedas y la veo tan tranquila acomodada en mi lugar.
Puso pies en polvorosa En la mañana, dejó despacio la cama y se metió a la regadera antes que yo despertara agotado, A la ocasión la pintan calva para dejar la cama por el lado equivocado de la cama y Levantarse con el pie izquierdo tratar de entender que pasa en la casa, trato de llegar a la cafetera para terminar de despertar refunfuñando Las paredes oyen con la tasa en las manos y verla salir gloriosa del baño con mi bata puesta y yo quedármela viendo extasiado Estar en Babia mientras se arregla para salir a trabajar y dejarme a levantar la casa La piel de Barrabás, al fin ya estoy acostumbrado a sus desplantes Puso los pies en polvorosa, y ni de que preocuparme, es inútil Predicar en el desierto tratar de hacerla entender y lo que me conviene A enemigo que huye, puente de plata es fingir demencia y dejar todo arreglado para regresar temprano Como Pedro por su casa y esperarle en la tarde, porque seguro regresará con su sonrisa completa A ojo de buen cubero y ganas de dejarse consentir. En fin que remedio A río revuelto, ganancia de pescadores en la noche espero que me deje descansar, eso espero La noche es joven pero ¡Uno… nunca sabe El canto del cisne que nos depara la noche! Y es inútil tratar de entenderla. Meterse en camisa de once varas cuando no se descansa adecuadamente. A lo hecho pecho
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Quidve petunt animae? ¿Qué buscan las almas?ffice ffice" />
Tuvo razón, cuando se cambió de casa y me dejó esperando, Amélie se marcho echando miradas de rabia y despreciando cualquier ayuda, al salir escupió en el piso dejando parte de su enojo justo en la entrada de mi buhardilla. Bueno ¿Ahora de que me quejo? me dio más de lo que merecía y aprendí de ella cosas que nunca imaginé en mi vida. ¿Qué tan diferente fue después desbalagarse? Con cosas como estas no se puede narrar un suceso, sobre todo porque no sabes si sucedió: Al fin solo fueron una serie de monólogos interiores que perdían sentido en sus oídos cuando los repetía tres veces para si misma, pues siempre hay vías organizadas y desorganizadas que de todas formas funcionan, aunque su vida aun sea privada y la gente no sabe nada de nosotros.
La escenografía estaba lista y puesta con humor macabro para dejarse sobrellevar en la última escena, para acceder al final de mierda en el hueco de la conciencia del público. Llegó y saludó con total insolencia, como si estuviera sola, abordó el texto del guión, sin dejarse amilanar por la letra chiquita que no la dejaba leer rápido y me dejó ver su mirada en un momento en que hizo una pausa.
Empezó el monologo contando como había salido caminando del albergue y siempre se negó a buscar el camino de regreso o una confesión extemporánea. Se agacho para recoger algo y la perdí de vista en el escenario, entonces la volví a imaginar como cuando la conocí, cuando lo hicimos por primera vez y me quede esperando una razón para volverla a inventar sin su ropa tan pegada y difícil de desprender de antes, ahora con un motivo diferente para desvestirla: la quería, la extrañaba, o simplemente… me gustó y todo giraba a: ¿Cuando te volveré a ver? recordando las puntitas de sus pechos tan… duritas, tan firmes, como nunca lo imaginé antes. Llegamos al final del vuelco de su cuerpo y la pausa hizo más deseable buscar un desenlace a su cara, tensa y sudorosa, temblando satisfecha.
Fija la mirada en una hoja que está sobre su mano izquierda y pone cara de que es la primera vez que lo lee, de que tiene diez y ocho años y todo es un juego sin consecuencias. La primera vez que la vi era de noche y solo pude adivinar una figura esbelta y alta que no tenía freno en la lengua, era invierno y parecía que ella era la única que no tenía frío en la noche con su minifalda que casi no existia, no era de las que tienen novio porque decía que se sentía humillada con una relación que le quitara la libertad, y yo… buscaba una princesa, ¡Pero una aristócrata de verdad!
-Ya te vi, ¡No te agaches!
Pero si cuando trato de ocultarse, perdió la compostura y el porte, trató de hablar con una vos que no fuera suya y se acomodó el pelo que siempre llevaba corto y sexi
-Pinches ignaros, no tienen idea de lo que es…
-¿Puedes ser más especifica?
-Siempre te andas quejando de lo que pasó, pero ahora te quejas hasta de lo que no pasa.
-Se que me eres imprescindible, pero no se para que, solo es un acuerdo inútil el que teníamos para satisfacer nuestras ansias insatisfechas, en el que no podía ni quería ser congruente
-Ahora que te fuiste siento como tu olor permanece
-¿Qué esperas?, la culpa, la reconciliación o el perdón para olfatearme como si fuera tuya
-Caramba fue todo un mes de silencio para esconder un suspiro que no quería salir
Esto fue el pasado de quien no tuvo memoria, días que huelen a viejo para caer en las tardes nostálgicas del Café de ffice:smarttags" />la Paix, de como le tenía miedo a sus emociones, siempre interior y visceral, sentía que había algo de realidad en sus ficciones mientras yo le cantaba al amor no al sexo, tenía una amistad que era alcohólica acuciante y con mucho miedo de pedirle que me contara sus sueños hechos verdad, mientras, el sueño perduraba y la vida se iba, mientras vemos lo barato que es tener mis sueños vigentes, que tan existen… que los llevo dentro.
Fue casi como por juramento descubrir el sexo de Amélie y encontrarme terriblemente divertido en sus cavidades, haciéndome hombre, actuando como un comediante formal y con modo para retenerle. Cuando era chico mi nana me decía -Come para que no te agarre tirisia-, y ahora tengo hambre de su cariño.
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